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1. El documento encontrado
2. Traducido a nuestro castellano actual
3. Análisis
No se conserva el documento original, sino una copia muy próxima 2 que se halla en el folio 246r, que es el último, del Becerro Galicano 3. Forma parte, pues, de la última de las varias adiciones documentales incorporadas al códice. Suele atribuirse al Becerro una fecha imprecisa de finales del siglo XII; las adiciones son ya del XIII, como se deduce por las fechas de los documentos, aunque la letra (o letras, porque son de varias manos) no difiere apenas del cuerpo del códice.
Lo cita Diego de Mecolaeta en un manuscrito de 1735, remitiendo al Becerro Galicano, señal de que para entonces ya se había perdido el documento original 4. A finales del siglo XVIII lo trascribe con el número 505 la llamada Colección Minguella 5, manuscrito del archivero de San Millán Plácido Romero. Serafín Prado y Tirso Alesanco, en Archivo abacial de San Millán de la Cogolla. Extracto cronológio 6, lo reseñan así: «Diego Álvarez con sus hermanas y sobrinos da a S. Millán toda la herencia que poseía en Elciego», no debieron de ver la firma del poeta, apunte que sí suelen añadir en otros documentos. Lógicamente no lo mencionan ni Luciano Serrano 7, que se detiene en 1150, ni María Luisa Ledesma 8, que lo hace en 1200. Más extraño es que no lo conociera Joaquín Peña, que hizo el rebusco de todos los documentos conocidos que mencionan al poeta Berceo 9. También lo pasan por alto los hermanos Claudio y Javier García Turza 10, que deberían haberse fijado en él tanto por razones filológicas y literarias como por el campo de su atención. El documento, pues, se encuentra inédito. La fecha es la de 25 de junio de 1212, es decir, menos de un mes anterior a la batalla de las Navas. El lugar de firma, con toda probabilidad, es Laguardia, hoy Álava, pero entonces pertenencia del reino de Navarra. Ello explica las menciones finales del rey Sancho, que es VII el Fuerte. Los testigos son navarros y castellanos entreverados y en buena armonía. Es decir, la colaboración de Navarra y de Castilla en la guerra que se había emprendido se refleja en la retaguardia. Llama la atención que no aparezca ningún personaje de alcurnia (cuya presencia parecería estar exigida por el rango político y militar del donante), sino sólo dos caballeros, posiblemente excluidos, por su juventud, de la leva general para aquella campaña decisiva. En cuanto a la procedencia social de los testigos es la siguiente: cuatro escuderos, tres «jurados», dos caballeros, dos presbíteros, dos alcaldes, un prestamero o becario en estudios eclesiásticos, un «abad», un mazonero o albañil, una bodeguera y un Rodrigo de Agoncillo que desempeña las funciones de alguacil, o algo parecido, pues «metió en esta heredad... al porposto peidro furtado de sant milian» (entendemos la palabra «porposto» como el representante del abad 11). Por cierto, este Pedro Hurtado debió de desarrollar esta responsabilidad durante bastantes años, ya que con esa misma función aparece citado en otros documentos, pero este detalle no hace a nuestro caso. De otros testigos no se menciona la procedencia social. Por parte del monasterio firman los priores mayor y menor 12 y el sacristán. No se dice que asistieran a la firma ni el donante Diego Álvarez, que podría encontrarse en campaña, ni el abad de San Millán, don Juan (Juan Sánchez, que lo fue entre 1208 y 1249). El otorgante es Diego Álvarez y su familia. Se mencionan tres hermanas: Teresa, Elvira y Toda, ésta verosímilmente difunta, y un hermano, Lope, cuya hacienda es excluida de la donación. Su relación con el monasterio de San Millán se mantuvo muchos años, ya que todavía en 1231 repetía otras donaciones en el mismo pueblo de Elciego 13. Tal vez esta nueva hacienda donada en el mismo pueblo fuera la que se había excluido diecinueve años antes. Debía de ser familia pudiente: Diego Alvarez es «tenente» o responsable de la fortaleza de Laguardia a nombre de Sancho el Fuerte, sufraga becas, dispone de bodega propia y quizá de una cuadrilla de albañiles a su servicio, la hacienda mencionada en esta donación comprende un molino, un canal, una serna, viñas, pastizales y otras tierras «pobladas y por poblar». No es una finca aislada de la que se indiquen los linderos, como suele hacerse en otros documentos similares. «De todo lo cual sólo han quedado —dice un apunte manuscrito de Mecolaeta, en 1735— cinco fanegas y ocho celemines de tierra que se dieron a censo perpetuo a Tomás Ibáñez, vecino de Elciego, por tres ducados de réditos en cada año» 14. Si la hacienda, aunque venida a menos, había durado algo más de cinco siglos, el documento de propiedad había sido eficaz. Lo cual es un dato que avala la autenticidad del original copiado en el Becerro. A varios de los testigos mencionados los documentamos en escrituras contemporáneas, pero hacerlo ahora sería una digresión innecesaria. Nos interesa destacar ese «Gundissalvus Michaelis de Berceo miles». Es lógico que para esta importante donación se buscaran testigos cualificados, muchos de los cuales se encontrarían en la campaña de las Navas y por ello se ha recurrido a algunos eclesiásticos del entorno, navarros y castellanos, y a un par de «milites», tal vez demasiado jóvenes todavía para la guerra. Ese «Gonzalo Miguéliz de Berceo, caballero» o militar, ¿es nuestro primer poeta de lengua castellana? Al menos podría serlo si tenemos en cuenta el nombre y la fecha de la donación. Quien prefiera poner en duda la identificación con el poeta por el hecho de aparecer un apellido, Miguéliz, que no se repite en otros documentos paralelos, está en su perfecto derecho, pero tendrá que inventarse otro «Gonzalo de Berceo» desconocido. Y la misma razón habría para negar que el Gonzalo de Berceo diácono y preste y maestro de confesión, etc., que se documenta en otros diplomas, sea el mismo que inició nuestra poesía culta. Ahí se encuentra, pues, la pequeña aportación que hacemos con este documento inédito: el nombre del padre o de familia, la clase social hidalga, la profesión militar de su juventud, la anticipación de su calculada fecha de nacimiento, que debe adelantarse algunos años, hasta el 1190 más o menos. Y un temperamento heredado o aprendido en las aulas que sugerimos a los estudiosos. En primer lugar, una luz nueva bajo la que se puede releer a Berceo: la de una juventud y seguramente formación caballeresca, propia de su clase social. Miguel Ibáñez publicó en 1995 su tesis sobre Gonzalo de Berceo y las literaturas transpirenaicas: lectura cortés de su obra mañana, donde rastrea ideas y expresiones épicas y trovadorescas de origen francés 15. Quiero decir que bajo la capa de piedad, que siempre arrastra Berceo en su obra madura, subyace el caballero de mentalidad heroica y amatoria. Ahora, al comprobar que fue militar en su juventud, lo comprendemos mejor. Bajo esta misma luz se puede replantear la polémica sobre la autoría del Libro de Alexandre, atribuido a nuestro Berceo o al semidesconocido Juan Lorenzo de Astorga. Se ha tomado pie para una u otra atribución la habilidad del códice de Osuna o del de París, ambos muy maleados por transcripciones sucesivas; del vocabulario riojano o leonés de uno o de otro; de las expresiones, tropos y formas de versificar que se encuentran en otras obras ciertas de Berceo 16. Para muchos ni el argumento de la leyenda de Alejandro ni su planteamiento heroico encajaría en lo que después escribe el poeta riojano. Ahora, con un joven que antes que clérigo fue caballero en ejercicio, como demuestra el documento que publicamos, tal vez esos reparos caigan por el suelo. Queden estas consideraciones para plumas mejor documentadas.
4. La recepción de Berceo
A Gonzalo de Berceo parece que nadie lo estimó debidamente hasta que Martín Sarmiento da noticia de su obra en Memorias para la historia de la poesía española 17, edición póstuma de 1775. Bien es cierto que los escritores benedictinos del monasterio de San Millán lo citan repetidamente, casi siempre con un remoquete despectivo; así lo hace el limo. Prudencio de Sandoval, Andrés de Salazar, Martín Martínez, Custodio de Mecolacta y su sobrino Diego de Mecolaeta, y algunos otros 18. Una pintura en cobre, colocada ahora en la sacristía del monasterio, parece reflejar el Milagro XX de Nuestra Señora 19; como quiera que este cuadro está mandado pintar en Roma por el padre José Fernández entre 1697 y 1699, tendríamos la confirmación de que, muchos años antes, unos setenta y tantos, de que diera noticia del poeta al mundo literario el maestro Sarmiento, ya en San Millán se leían con interés y cariño las obras de Gonzalo de Berceo. Por cierto que Sarmiento nunca estuvo en San Millán y que los textos de que dispone le fueron suministrados por Diego de Mecolaeta, viejo conocido y colaborador del maestro, como lo había sido del agustino padre Flórez para rebuscar textos mozárabes inéditos 20. Al maestro Sarmiento no le duelen prendas cuando confiesa: «Solicité que se registrase el Archivo de S. Millán con toda exactitud y conseguí cuanto deseaba. Desde el año 1737 hasta 1741 era Abad de aquel monasterio el P. Mro. Fray Diego de Mecolaeta, sujeto bien conocido por sus escritos históricos, entre los cuales uno es la Vida que sacó de S. Millán. Es sujeto inteligentísimo de Archivos y tiene una total comprehensión del de S. Millán, casa de su profesión». Por el mismo Sarmiento sabemos que en ese momento se hallaban en San Millán dos códices con las obras de Berceo, uno en folio y otro, más antiguo, en cuarto. Pero vayamos a lo que hace a nuestro argumento: «En el Archivo de aquel Monasterio halló el dicho P. Abad siete instrumentos o escrituras, que, con otros, firma, o confirma D. Gonzalo de Berceo. Dos son de la era de 1258, o del año de Cristo 1220, y los cinco restantes son de la era de 1259, o del año 1221» 21.
Estos siete instrumentos son los que más abajo numeramos del 2 al 8. Se encuentran todos, seguidos, en el Bulario o Becerro III y responden, al parecer, a la misma operación económica: dotar de rentas unas lámparas que debían arder día y noche ante la imagen de la Virgen y ante las reliquias de San Millán. A decir verdad, o no fue exhaustivo el informador al revisar el archivo, o no fue muy preciso el informado al leer las eras. Sarmiento los aduce únicamente para precisar a Nicolás Antonio que había atribuido el poeta Berceo a la época de Alfonso VI, cuando en realidad había sido contemporáneo de Alfonso X el Sabio. La cita de algunas estrofas del poeta ofrecía una muestra suficiente para que los eruditos paladeasen unos textos hasta entonces desconocidos, o poco menos, por casi todos. La obra de Sarmiento y los elogios que dedica a nuestro poeta indujo a Tomás Antonio Sánchez a incluir a Berceo en su Colección de poetas castellanos anteriores al siglo XV (Madrid, 1779) 22. Aquí ya no es una muestra de alguna que otra estrofa de Berceo, sino que se edita todo el corpus de sus obras. Por tanto, Sánchez tuvo que disponer de un informador que le copiara íntegramente cuanto había en uno de los dos códices, el en folio o el en cuarto. Cita, además, los mismos diplomas de que había tenido noticia Sarmiento y añade otros de los años 1237, 1240, 1242, 1246 y 1264; son los que listamos abajo con los números 9-14. Desde el monasterio de San Millán hubieron de proporcionarle la noticia de aquellos hallazgos. Este informador erudito no pudo ser otro que el padre Plácido Romero, archivero y trabajador infatigable, según testimonio contemporáneo de Jovellanos 23. Estos diplomas sirven a Sánchez para marcar la cronología del poeta: clérigo secular, diácono (antes de 1221, lo cual lleva al autor a marcar una fecha de nacimiento hacia el año 1198 o algo antes), presbítero (antes de 1237), hermano de otro presbítero llamado Juan (1242), maestro de confesión y cabezalero de testamentos (antes de 1253 o, tal vez, de 1249), etc. Como quiera que, en los Milagros de Nuestra Señora, habla de «los tiempos de la buena ventura» del rey Fernando III el Santo, la muerte del poeta debió de ocurrir algunos años después, es decir, a partir de 1252. Añadamos que de los mismos instrumentos diplomáticos se deduce la relación que mantuvo con el abad don Juan Sánchez y con el prior Rodrigo Iñiguez, luego abad de Silos y tenido por santo 24. A mediados del siglo XIX se daban por perdidos todos estos instrumentos, excepto un original suelto, el número 10 de nuestro listado, que había ido a parar a la Academia de la Historia como consecuencia del expolio sufrido durante el trienio liberal 25. Pero no debían de estar tan perdidos cuando, al rehacer el archivo del monasterio, reuniendo fondos dispersos por la comarca, los agustinos recoletos, que se hicieron cargo del monasterio en 1878, han logrado reagruparlos. Pero ese buen hacer en beneficio de la historia es otro argumento. El caso es que el padre Joaquín Peña los trascribe y edita en 1972 26. Ahora podemos aportar un instrumento más en que nadie se había fijado. Los ordenamos por orden cronológico: 1. «Era M.CC.L., séptimo ¡calendas iulii», 25 de junio de 1212. Donación de hacienda en Elciego, hecha por Diego Alvarez. Uno de los firmantes es «Gundissalvus Michaelis de berceo, miles» 27. 2. «Era M.CC.L.IX.», año 1221. Pedro (de Olmos), camarero del monasterio, compra una viña a María Sancho en Villa Olquit. Firma «Don gonçalvo de verceo» 28. 3 «Era M.CC.L.IX.» año 1221. Pedro de Olmos, camarero del monasterio, compra dos viñas a Juan Zapatero en Badarán. Firma «Don gonçalvo de verceo» 29. 4. «Era M.CC.L.IX.», año 1221. Pedro de Olmos, camarero del monasterio, compra una tierra a Juan Ribero de Villagonzalo. Firma «Gundissalvus de berceo» 30. 5. «Era M.CC.L.IX.», año 1221. Pedro del Olmos, camarero del monasterio, cambia una tierra con Domingo Juániz de Terrero. Firma «Don Gonçalvo de verceo» 31. 6 «Era M.CC.L.VIIII», año 1221. María Gonzalo y Minga Sancho venden a Pedro de Olmos, camarero del monasterio, dos tierras. Firma «Don Gonzalvo diachonus de verzeo» 32. 7. «Era M.CC.L.VIIII», año 1221. María Domingo vende una tierra al camarero. Firma «Don Gonzalvo diachonus de verzeo» 33. 8 «Era M.CC.L.IV», año 1221. Los hijos de María Miguéliz venden a Pedro de Olmos, camarero de San Millán, una viña en Badarán. Firma «Don Gonçalvo de verceo» 34. 9. «Era M. CC.LXX.V, quarto décimo die iunii», 14 de junio de 1237. Don Juan Sánchez, abad de San Millán, sentencia en un pleito entre el concejo de Madriz y los de Santurde y Barrionuevo. Firman: «De berceo don gonzalvo, don aznar, don diego, don estevan, prestes» 35. 10. «XII kalendas iunii, secunda feria, era M.CC.LXX.VIII», lunes 21 de mayo de 1240. Cuatro clérigos de Fonzaleche se retiran de un pleito que mantenían con el monasterio de San Millán. Firma «De clericis secularibus. Dopnus Gundissalvus de verceo» 36. 11. «XII kalendas iunii, secunda feria, era M.CC.LXX.VIII.» lunes 21 de mayo de 1240. Los clérigos, caballeros y labradores de Fonzaleche ofrecen homenaje al abad de San Millán. 33. Firma «Don Gonzalvo de verceo» 37. 12. 25 de julio de 1242. Aznar Pérez vende al abad Juan Sánchez cuanta heredad tenía en Madriz y su término. Firman «Don Gonzalvo de Berceo. Don Juan, su hermano» 38. 13. 31 de diciembre de 1246. El arcediano de Nájera Rui Pérez de Agoncillo renuncia a favor del monasterio de San Millán a los doce maravedíes que tenía asignados en la casa de Avila. Firma «Don Gonzalvo de Berceo, preste» 39. 14. «XII dios de setiembre, en era de mill e ccc. e dos annos», 12 de septiembre de 1264. Sancho Ruiz de Bobadilla devuelve a San Millán cien maravedíes que su padre Roy Sánchez había retenido fraudulentamente y que mandó devolver antes de su muerte. «Fueron cavezaleros... el abbat yoannes de sant Millan, el prior Rodrigui enneguez del misme logar, e don gonzalo de berceo so maestro de confessión e so cabezalero» 40. Los demás datos que conocemos sobre el poeta se deducen de su obra: que nació en Berceo, que se educó de niño en San Millán de Suso, que estaba familiarizado con el archivo de Yuso, que comparte devociones, intereses económicos y aun vocabulario con los monjes y paisanos, que estaba más documentado incluso de novedades literarias, teológicas y conciliares de lo que él mismo da a entender... y que muere ya entrado el reinado de Alfonso el Sabio. Ahora bien, si damos por válido el documento que hemos trascrito arriba, se pueden añadir algunos pequeños detalles más: en primer lugar, el apellido Míguélez o Miguéliz, la familia hidalga, la profesión militar de su juventud, la edad de entre dieciocho y veinte año en la temprana fecha de 1212, lo que nos llevaría a precisar un poco más la fecha de nacimiento, que habría que colocar entre 1190 y 1194.
1 El documento escribe «michael», pero el astil de la «l» lleva un trazo horizontal cruzado que indica abreviatura. Interpretamos, pues, como «Michaelis» lo que, de acuerdo con el uso del tiempo, indicaría el nombre del padre: Miguel. Habría que traducir por Miguéliz o Miguélez: hijo de Miguel. 2 En efecto, es de letra muy similar, si no igual, a la usada en el documento número 10 relacionado al final de este artículo. Este ultimo documento es original y lleva la fecha de 1240. Este año, u otro muy próximo, podría ser el de la copia del que aportamos hora. 3 Conservado en el archivo monástico de San Millán de la Cogolla. En adelante ASM. 4 ASM, Registro i llabe maestra del archivo real de San Millán de la Cogolla. Año de 1735. 5 ASM. Es un manuscrito en que se ordenan cronológicamente todos los instrumentos contenidos en el Becerro Galicano, en el Bulario y los originales sueltos. Tal vez respondiera al proyecto defendido por Martín Sarmiento de reunir en San Martín de Madrid el acervo documental de los monasterios benedictinos. Se la conoce como Colección Minguella, por haberla recuperado para la historiografía y usado en sus estudios el llmo. P. Toribio Minguella (1836-1920). 6 Esta obra fue, primero, publicada en el Boletín de la Provincia de San José, de Agustinos Recoletos, y luego encuadernada aparte con el simple pie de edición «Logroño, 1965». La referencia citada se encuentra en la p. 169. 7 Cartulario de San Millán de la Cogolla. Madrid, Junta para la ampliación de estudios e investigaciones históricas, 1930. 8 Cartulario de San Millán de la Cogolla (1076-1200). Zaragoza, Anúbar 1989. 9 Páginas emilianenses. Cito por la segunda edición: San Millán de la Cogolla, Monasterio de Yuso 1980. La referencia se encuentra en el apéndice 1: Documentos del archivo en que se encuentra como testigo Don Gonzalo de Berceo, pp. 267-281. 10 Una nueva visión de la lengua de Berceo a la luz de la documentación emilianense del siglo XIII. Logroño, Universidad de La Rioja 1996. 11 Este sentido parece claro en un documento de 1231, por el mismo Pedro Hurtado compra unas tierras en Cuevagallegos (cerca de Pancorbo), que comienza así: En nomne de dios. Io diago gonçalves e mios ermanos e fijas de pedro gonçalvez vendemos a vos don pedro furtado, porpuesto de San Millan en vez del abbad don iuhan sanchez... La misma frase se encuentra en el documento anterior. Cf. Becerro Galicano, fol. 292r. 12 El Monasterio de San Millán dispuso de dos priores desde un momento que no podríamos precisar, pero bien temprano. Los cronistas del mismo lo justifican en su importancia: «Sanctissirnus Aemilianus ab antiquis temporibus dictus est unicus Hispaniae patronus et quia eam liberavit a mauris et quia illam illustravit virtutibus et miraculis. Hocc autern suum monasteriurn appelatus est maius et quia a ipso fundatus et quia est caput plurimorum et quia primus Hspaniae fundatione, sanctitate, divitiís et miraculoruin frecuentia», leyó en 1607 Fray Andrés de Salazar en el margen de un prefacio gótico. Y de este texto deduce que, «por ser tan grande como siempre fue esta casa, tenía antes dos priores, sin el prepósito». Cf. Historia de nuestro glorioso Padre San Millán, monge y abad de la Orden de San Benito y Patrón insigne de España y de esta su observantísima casa. Recopilada de los libros góthicos y de otros no góthicos, pero muy antiguos, y de otras escrituras de su archivo. Por F. Andrés de Salazar, Anno M.DC.VII. Manuscrito en ASM. Es posible que este apunte marginal lo hubiera muñido, en buen latín impropio del siglo X, el mismo Andrés de Salazar, no demasiado escrupuloso polemista. No olvidemos que escribía en tiempo de la falsificación de cronicones. 13 Becerro Galicano, fol. 241v-242r; lleva la data de «Vigilia de san martín... anno ab incarnatione domini M.CC.XXXI.» 14 Registro y llave maestra..., ya citado. Palabra «El Ciego» (sic), colocada en la letra «C». 15 Edición del gobierno de la Rioja. Véanse sobre todo las páginas 94 y ss. Ya Brian Dutton babía entresacado algunas expresiones caballerescas en Gonzalo de Berceo y los cantares de gestas publicado en Berceo 77 (1965) 407-416. Hasta en un tema devoto, que tan poco se presta a este enfoque, como es la Storia del Señor Sant Millán, se traslucen los planteamientos épicos: lo que para San Braulio era una simple pelea entre el demonio y el santo, para Berceo se convierte en «fazaña», en un duelo en forma de reto, lucha, reconocimiento del vencedor y abandono del campo por parte del vencido, el demonio: «Fusso e desterrose a la tierra extraña, I el confesor precioso finco en so montaña./ Mientras el sieglo fuere e durare España / siempre será contada esta buena fazaña». Puede verse mi librito España en ciernes o La vida de San Millán. Edilesa, León 1998, pp. 71-74. 16 La bibliografía sería ingente. Quien últimamente más ha defendido la autoría berceana del Alixandre ha sido el profesor nelson, D. A., Gonzalo de Berceo: el Libro de Alixandre. Reconstrucción crítica, Gredos, Madrid 1979. Ha vuelto sobre el tema en Gonzalo de Berceo y el Alixandre: vindicación de un estilo. Madison, Universidad de Arizona, 1991. Modificando parcialmente su tesis y admitiendo que pudo ser algo así como una obra de colaboración en un «seminario» de la Universidad de Palencia. publica «El libro de Alixandre y Gonzalo de Berceo: un problema filológico», en La Coránica 28 I (1999) 93-136. Lo más reciente que conozco del mismo autor es «El libro de Alixandre: notas al margen de tres ediciones», en Boletín de la Real Academia Española, CCLXXXIIl (2001) 321-377. 17 El título completo es Obras postumas del Rmo. P. M Fr. Martín Sarmiento, benedictino, tomo primero, Memorias para la historia de la poesía y de los poetas españoles, Madrid, Joaquín Ibarra, 1775. La fecha que nos interesa es ésta, pues es la que indica el descubrimiento de Berceo por el mundo culto, aunque bien es verdad que el trabajo de Sarmiento estaba terminado antes de 1745. Antes de 1775 únicamente se habían impreso algunas «coplas» de Berceo en gómez, Fray A., El Moisés segundo, nuevo Redentor de España, N. P. Sto. Domingo Manso, aclamado hasta aora Santo domingo de silos... Madrid, Juan Martín de Barrio, 1653. Sobre los pasos de la obra anterior otro monje benedictino, vergara, Fray S. de, publica más tarde Vida y milagros del taumaturgo español, Moisés segundo, redentor de cautivos, abogado de los felices partos. Sto. Domingo Manso... Madrid, Herederos de Francisco del Hierro, 1736. Pero ni la obra de Gómez ni la de Vergara lograron encender en el mundo literario el aprecio del poeta Berceo. Para más detalles sobre la transmisión de los códices berceanos cf. garcía turza, c, La tradición manuscrita de Berceo, con un estudio filológico particular del ms. 1533 de la Biblioteca Nacional de Madrid, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1979. 18 No es de extrañar esa valoración poco encomiástica de los benedictinos de San Millán si tenemos en cuenta que, todavía a finales del siglo xix, cuando los intelectuales y literatos podían estar mejor documentados, Juan Valera sentenciaba, refiriéndose a las obras de Berceo: «Serán estimables documentos para el filólogo y el anticuario, pero el poeta y el aficionado a versos poco perdería aunque se perdiese». Cf. en valera, J., Obras completas. Vol. II. Aguilar, Madrid 1961, p. 132. En realidad, comenzaron a leer gustosamente a nuestro poeta los autores del 98 y los modernistas. Para más datos sobre este asunto, véase Pompilio Tesauro: Per una rivaluazione di Berceo, Universidad de Napóles Federico II. (Cito de esta manera por disponer de este trabajo únicamente en separata remitida por el autor, pero sin año ni mención de la publicación en que está recogida.) 19 Representa una Virgen con el Niño en el brazo izquierdo, que en la mano derecha blande un garrote con el que amanaza o golpea a un fiero demonio que tiene a sus pies. Al pie y a la derecha, según se mira el cuadro, aparece un monje benito arrodillado como en acción de gracias. Se conoce este cuadro con el nombre de Virgen del Socorro y tiene una composición no excesivamente original en la pintura española. El Milagro XX nos habla de aquel pobre monje- que entró en bodega un día por ventura bebió mucho de vino, esto fo sin mesura. Cuando quiere entrar al coro, el diablo le impide el paso en figura de toro que es escalentado y la Virgen sale en defensa de su devoto con un gesto torero: Mennazoli la duenna con la punta del manto; quiere el monje subir las gradas del altar y el diablo se lo impide convertido en león, al que la Virgen Empezoli a dar de grandes palancadas ... / Non ovo en sos días las cuestas tan sovadas. Este último episodio es el que recoge el cuadro. El padre José Fernández había sido abad de San Millán entre los años 1693 y 1697, donde pudo leer a Berceo. 20 La obra del abad mozárabe Sansón, por ejemplo, que se tenía por perdida, la halló Mecoleta en el archivo catedralicio de Toledo y la transcribió para el padre Flórez, que la publica en el tomo XI de la España Sagrada. Citamos por la segunda edición, Madrid, Pedro Marín, 1775; la verificación del dato está en la p. 321. Parece que éste era el sino de muchos monjes eruditos: identificar viejas obras para que otros las publicaran y devolvieran el favor con unos breves renglones de agradecimiento. Sin salimos del monasterio de San Millán ni de la España Sagrada, lo mismo le ocurrirá al benedictino Plácido Bayo, que copió para el padre Risco el Sententiarum libri V, de Tajón, teniendo a la vista el único ejemplar gótico español que lo contenía. Cf. España Sagrada XXXI, Madrid, Antonio de Sancha, 1776; dedicatoria, sin paginar. Podríamos citar muchos más ejemplos en otros campos y tiempos. 21 Sarmiento, M. o.c., pp. 256-257. 22 Nosotros manejamos la reedición que de la parte dedicada a Berceo se recoge en la Biblioteca de Autores Españoles, tomo 57: Poetas castellanos anteriores al siglo XV Colección hecha por Don Tomás Antonio Sánchez..., Madrid, Rivadeneira, 1864. Las consideraciones referentes al poeta se hallan a partir de la p. XX (Noticia de Sánchez) y la edición de la obra completa a partir de la p. 39. Para ediciones críticas más modernas, que son infinitas, baste remitirnos a las dos más recientes: DUTTON B., Gonzalo de Berceo. Obras completas, volúmenes I-V, Londres, Támesis 1967-1981; o URIA MAQUA, I., (coodinadora), Gonzalo de Berceo. Obra completa, Gobierno de La Rioja-Espasa Calpe, Madrid 1992. 23 Cf. CASO GONZÁLEZ, J. M., Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras completas. Tomo VIL Oviedo, Instituto Feijoo 1999, pp. 279-280. 24 En 1241 todavía era prior de San Millán. Su abadiato en Silos se documenta entre los años 1242 y 1276. Murió en 1280. De su presencia en San Millán quedan al menos doce instrumentos, algunos de ellos originales, que fueron publicados por PEÑA, J., «Rodrigo Iñiguez. abad de Silos, ¿fue antes monje y prior de San Millán?», en Berceo 89 (1975) 147-156. 25 VELASCO Y SANTOS, M., índice de los documentos procedentes de los monasterios y conventos suprimidos, que se conservan en el archivo de la Real Academia de la Historia. Tomo I Monasterios de Nuestra Señora de la Vid y San Millán de la Cogolla. Madrid, Manuel Galiano, 1861. Dice en la p. 338: De todos los documentos que se conservan, procedentes del monasterio de San Millán, éste es el único en que aparece suscribiendo el poeta Gonzalo de Berceo Sensible es en verdad el extravío de tantos otros que, según indica el ya citado don Tomás Antonio Sánchez, nos daban de él noticia. 26 Páginas emilianenses. ed. cit. Los documentos se encuentran en el apéndice primero p. 267-281. 27 ASM, Becerro Galicano, folio 246r y Colección Minguella, num. 505. 28 ASM, Bulario o Becerro III, fols. 73 y ss. 29 Ibíd. 30 Ibíd. 31 Ibíd. 32 Ibíd. 33 Ibíd. 34 Ibíd. Esta María Miguéliz ¿sería hermana del poeta? Podría serlo. La coincidencia del apellido y de años, más los apenas cinco o seis kilómetros que median entre Berceo y Badarán, dan pie para sospecharlo. 35 ASM, Pergamino original, legajo 1-99. Trascrito en Colección Minguella. núm. 537. 36 ASM, Pergamino original, legajo 16-107, Bulario, 25v. 37 ASM, Bulario, 33v. 38 Este documento lo conoció el padre Plácido Romero, pues el cita en su Extracto cronológico, manuscrito conservado en el Archivo de San Millán. Llevado a Madrid seguramente entre los códices y papeles incautados en 1821, se encuentra ahora en la Academia de la Historia de Madrid. Lo reseña VELASCO, M., en su índice de los documentos procedentes del monasterio premostratense de La Vid y del monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, Madrid 1861. Lamenta el señor Velasco: «Este es el único en que aparece suscribiendo el poeta Gonzalo de Berceo. Sensible en verdad el extravío de tantos otros...». « Cf. PEÑA, J., Páginas emilianenses, pp. 267 y 277. 39 ASM, Pergamino original, legajo 17-118, Colección Minguella, núm. 553. 40 Bulario, 53r. Aunque la data del documento sea de 1264, la noticia sobre Gonzalo de Berceo hay que referirla a muchos años antes, es decir, al momento de la muerte de Roy Sánchez de Bobadilla, padre del otorgante. Como quiera que en la secuencia de cabezaleros aparecen el abad Juan Sánchez, que dejó su abadiato en 1249, y el prior Rodrigo Iñiguez, que paso a Silos en 1242, a este último año habría que referir, como última posibilidad, la noticia documental aportada. La muerte del poeta, como ya hemos visto, tuvo que ocurrir después del 30 de mayo de 1252, fecha del fallecimiento del rey San Fernando.
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